
Aguascalientes y Chihuahua, la hermandad genera prosperidad
En un contexto donde el debate público ha normalizado la estridencia y la polarización como método, elegir el encuentro y la cooperación es una postura política. Estoy convencida de que la política no está obligada a dividir o explotar los agravios para existir; puede, si así lo decide, ser constructora de puentes y de visiones realmente humanistas. Por ello, no se trata solo de un anuncio institucional, sino de celebrar la historia compartida.
Durante más de tres siglos, el norte de la Nueva España estuvo articulado por el Camino Real de Tierra Adentro, la llamada Ruta de la Plata. Desde la Ciudad de México hasta los territorios que hoy pertenecen a Nuevo México, esa vía enlazó centros mineros, pueblos y regiones que aprendieron a crecer en interdependencia.
Por ese camino no solo circularon bienes; circularon ideas, cultura y comunidad. Así se encontraron Aguascalientes y Chihuahua. Así se consolidaron como espacios estratégicos del norte. La historia es clara: México no nació fragmentado; México se construyó conectado.
Hoy, cuando la polarización y los radicalismos abundan, conviene recordar que nuestra identidad nacional se forjó desde la diversidad cultural y desde un pasado complejo que no admite reduccionismos. Que este año Chihuahua y Aguascalientes vuelvan a encontrarse es un gesto de continuidad histórica.
La Feria de San Marcos nació como hospitalidad para el viajero. Creció como punto de encuentro. Se consolidó como tradición nacional. Antes que espectáculo, fue comunidad.
Ese origen tiene relevancia política. Mientras algunas narrativas insisten en administrar agravios y convertir el resentimiento en motor público, nuestras festividades recuerdan otra lógica: la del encuentro, la del reconocimiento mutuo, la de la convivencia como base de la prosperidad compartida.
Hoy Chihuahua y Aguascalientes comparten una convicción: el humanismo político. No como consigna, sino como práctica de gobierno. Un humanismo que coloca la dignidad de la persona en el centro y entiende que el desarrollo económico solo tiene sentido cuando fortalece a las familias y garantiza libertades. Frente a la confrontación permanente, ambos Estados hoy apuestan por responsabilidad, trabajo y resultados.
En ese mismo espíritu de encuentro y reconocimiento, resulta profundamente simbólico que la Comunidad de Madrid acompañe a Chihuahua como invitada de honor. El humanismo que compartimos como gobiernos reconoce que, en nuestra relación con España —como con otros países—, hoy es más urgente enfocarnos en lo que nos hermana que en lo que nos distingue.
México no se fortalece aislándose ni reescribiendo su historia en clave de confrontación. Se fortalece reconociendo sus raíces, dialogando con el mundo y apostando por la cooperación. Muchas de las tradiciones que hoy celebramos cruzaron el océano hace siglos y se integraron a nuestra identidad. El encuentro no nos debilitó; nos enriqueció.
En esta edición celebramos lo que cada comunidad puede aportar. Con mucha alegría Chihuahua estará presente con el rodeo —disciplina profundamente norteña y de alta complejidad—; con su gastronomía y sus bebidas, como el sotol y el vino; con la promoción de sus destinos turísticos y con expresiones musicales que retratan el alma de nuestro Estado.
Pero llegará, sobre todo, como un Estado que no se detiene. Un Estado que sigue creciendo industrialmente porque ofrece certeza jurídica, estabilidad y Estado de Derecho. Porque entiende que sin inversión no hay desarrollo, y sin desarrollo no hay bienestar sostenible.
Hoy enfrentamos una disyuntiva histórica: profundizar la lógica de la división o recuperar la política del encuentro. Apostar por la simplificación ideológica o asumir la complejidad democrática. Administrar la confrontación o construir comunidad.
El Camino Real nos dejó una enseñanza vigente: cuando caminamos conectados, crecemos. Nuestra cultura la confirma cada vez que celebramos lo que compartimos.
Agradezco a la Gobernadora Tere Jiménez y a las familias de Aguascalientes por abrirnos las puertas de su Estado. Desde esta tierra norteña, resiliente y trabajadora que es Chihuahua, les decimos que cuentan con nosotros.
Maru Campos
Gobernadora de Chihuahua