Gobernar significa, ante todo, proteger. Proteger la salud de las familias, cuidar su patrimonio, preservar sus oportunidades y garantizar la tranquilidad necesaria para que cada persona pueda desarrollar su proyecto de vida. Soy una convencida de que, cuando un gobierno pierde de vista esta responsabilidad fundamental, el poder deja de estar al servicio de las personas y comienza a alejarse de su propósito más elemental.